Si bien el orgasmo que se conoce más
es el que se produce acompañado de la eyaculación, el más
frecuente en los hombres multiorgásmicos es el de
contracciones musculares sin eyaculación. Sucede que se
presentan varios orgasmos, pero hasta el último sale el
semen.
Otra clase de orgasmo es el que se centra en la próstata,
que es más común en las relaciones homosexuales
masculinas, a través de la penetración anal. Y
actualmente se encuentra en investigación un tipo de
orgasmo que se produce ante la estimulación delicada en
alguna zona del glande o incluso en las tetillas.
Este orgasmo debe ir acompañado de una especial relajación,
pues de lo contrario la caricia puede resultar molesta. El
orgasmo que se produce es diferente y lo que se expulsa es
un líquido prostático claro y viscoso, parecido a la
orina.
Algunos varones -estadísticamente muy pocos- eyaculan débilmente
y el semen sólo se escurre (eyaculación sin placer).
Estas personas, aunque logran eyacular, el orgasmo es prácticamente
imperceptible, lo cual suele producir sensaciones de
frustración e insatisfacción.
Estos episodios pueden remitirse a dos causas: debilidad
de la tonicidad muscular genital o motivaciones
emocionales (inhibición, miedos o prejuicios ante la
sexualidad y/o dificultades de pareja).
Otros varones suelen mantener un
control muy estricto de su orgasmo, lo cual puede resultar
que, aunque mantengan un ritmo y un estímulo adecuado,
tarden muchos minutos en eyacular (más de 30 minutos), o
en casos extremos no lograr hacerlo (eyaculación
retardada).
Sus causas son exclusivamente psicológicas. Suelen ser
hombres muy rígidos e hipercontrolados en la expresión
de sus emociones; sienten que el descontrol puede ser
peligroso para la integridad de su persona.
Generalmente han sufrido de una educación muy estricta,
la cual los inhibió afectivamente. Estos varones suelen
llevar una vida sexual conflictiva, ya que el temor de
repetir la frustración puede llevarlos a inhibir su deseo
sexual y/o a perder su capacidad erectiva. Un mal vínculo
con su pareja puede incrementar la dificultad.
Otros varones operados de próstata pueden perder la
capacidad orgánica de expulsar el semen hacia afuera,
llevándolo hacia la vejiga (eyaculación retrógrada).
Sin embargo, estos varones conservan la sensación orgásmica
ya que las contracciones musculares continúan manifestándose,
y son ellas las que son decodificadas por el cerebro como
placenteras. Puede suceder que, aunque mantengan su
capacidad orgásmica, se sientan disminuidos sexualmente
porque no se hace evidente su clímax al no poder ver su
eyaculado.
CADA VEZ DORMINOS
MENOS
En las dos últimas décadas, el
mundo occidental ha modificado sensiblemente pautas de
vida cotidiana al punto que, si hoy comparáramos nuestros
horarios con los de hace 20 años, notaríamos diferencias
muy significativas
Además de la velocidad que
imponemos a todas nuestras actividades, es notoria la
menor cantidad de horas que dedicamos al reposo nocturno,
momento durante el cual se debiera dormir de 6 a 8 horas,
según la edad de cada persona.
En el transcurso de esas horas
ocurren en nuestro organismo situaciones ignoradas por
nosotros, como por ejemplo secreción de hormonas,
modificaciones de temperatura, cambios de la frecuencia
cardiaca y la respiratoria, cambios en las actividades
digestivas, entre otras.
Todas son fundamentales para el
mantenimiento de la salud y el desarrollo adecuado de los
actos de nuestra vida diurna. La vida actual nos obliga a
estar despiertos más tiempo; mientras que la sociedad
utiliza ese período de nuestra lucidez para ofrecernos más
entretenimientos y distracción.
La consecuencia de ello es que, al
disminuir las horas necesarias de sueño, se padecen
durante el día diferentes situaciones de fastidio para
las que, en muchos casos, no se encuentra explicación.
Desconectados
Lo que más comúnmente aparece en
personas que duermen menos es dificultad para concentrarse
mentalmente, disminución de la velocidad para ejecutar
actividades conocidas, decaimiento, desinterés,
alteraciones del carácter y, muchas veces, somnolencia
durante el día. Estos son síntomas comúnmente
encontrados en los relatos de pacientes que sufren de
insomnio.
En un Simposio auspiciado por la Organización Mundial de
la Salud y la Federación Mundial de Sociedades de
Investigación del Sueño en 1995, se evaluaron todos los
trastornos mencionados, particularmente en relación con
el insomnio, que es el padecimiento más frecuente entre
los que se quejan de problemas de sueño, pero no es el único.
El ronquido con o sin “apnea del sueño” (apnea:
interrupción de la respiración), también es causante de
síntomas similares y a veces más graves. Publicaciones
en diferentes revistas médicas recientes han llamado la
atención sobre la falta de conocimiento de la población
acerca del dormir y, sobre todo, del dormir bien.
Probablemente, la necesidad de hacer muchas cosas nos haya
hecho olvidar que dormir es algo importante que debemos
hacer cada noche.
¿Por qué es importante
dormir bien?
La respuesta está en que el sueño
es una función vital para el desarrollo de la vida.
Distintas hipótesis, confirmadas por los hechos, le
atribuyen: trascendencia en la maduración neurológica
del recién nacido y el niño (el sueño aparece ya en la
vida intrauterina); reposición de energía física y psíquica;
fundamental importancia en los procesos de aprendizaje y
preservación de la memoria.
Una persona que duerme mal (en cantidad o en calidad),
además de padecer los síntomas ya mencionados, puede ser
víctima o provocadora de accidentes de toda índole. Así
lo confirma un estudio realizado por la Sociedad Europea
para la Investigación del Sueño y una evaluación más
en Estados Unidos.
Actualmente, en los países del llamado "primer
mundo" se está trabajando intensamente para hacer
conciencia a las autoridades gubernamentales y a la
población en general acerca de este tema fundamental. Sería
importante que nosotros comenzáramos una tarea similar.
¿Qué es dormir bien?
Se trata de un concepto subjetivo, pues la evaluación la
debe realizar cada uno de manera particular. Es
conveniente saber que, además de la cantidad de horas que
se dedican al sueño, éstas deben ser rendidoras para la
actividad diurna.
Es decir que debe ser tenida en cuenta la "calidad
del sueño". A continuación, algunas pautas del
"buen dormir":
• Dedicar al sueño nocturno una
cantidad de horas regular y satisfactoria (6 a 8 en los
adultos).
• Sentirse descansado y animoso al levantarse en la mañana.
• No moverse, levantarse, moverse o hablar durante el
sueño.
• No roncar ni tener interrupciones respiratorias.
• No despertarse sin causa aparente.
• No tener sueños desagradables o pesadillas en forma
reiterada.