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Orgasmo y Eyaculación
¿Solo se
trata de acabar?
Muchos de nosotros estamos convencidos de que una cama sin una buena acabada
equivale a no haber tenido sexo. Pero no es lo mismo tener un orgasmo que
acabar, y bien puede suceder lo uno sin lo otro. Cómo ser más generosos con
nosotros mismos y con nuestro compañero y cuestionar ciertos mitos ¡y tanta
exigencia!, es el propósito de esta nota.
Hay un placer físico en el orgasmo que no tiene paralelo en ninguna otra
circunstancia donde pongamos en juego nuestro cuerpo. Es una conmoción tan
fuerte que algunos la comparan con una sensación de “irse”, o de
“morir”.
Todos relacionamos orgasmo con eyaculación, ya que ambos ocurren con una
diferencia de tiempo tan pequeña, que es imperceptible para nosotros.
Y no es cuestión, justo en “ese” momento, de ponerse a controlar con un
cronómetro...
Es posible, sin embargo, experimentar un orgasmo completo y no eyacular. De
hecho, en algunas religiones orientales, se enseña a retener la eyaculación
mientras se continúa con la excitación erótica para disfrutar de orgasmos más
intensos que recorren todo el cuerpo y que son considerados como un equivalente
del éxtasis. Estas enseñanzas dicen que focalizar todo el placer en el acto de
eyacular es como conducir el deseo a través de una ruta concentrándonos más
en cuándo llegaremos que en la ruta en sí. Además, esta fijación con la
acabada nos distrae de recibir y procurar placer de y a nuestro compañero de
turno o nuestra pareja, lo que nos mantiene encerrados en nuestro propio placer,
perdiendo la oportunidad de disfrutar lo que nos puede brindar el otro.
Muchas personas vinculan la eyaculación a un equivocado concepto de la
masculinidad; con este criterio, podríamos dividir a los hombres según el tipo
de eyaculación: “¿acabás en chorro o en gotitas?”. La eyaculación deja
de ser entonces algo relacionado con el placer para convertirse en una necesidad
de lanzar una especie de misil que se suma a otras tantas causas de la angustia
que se genera por mostrar una imagen.
También se le asigna una gran importancia a que ambos deben eyacular, y hay
cierta molestia si uno de los dos no lo hace, como si eso implicara cierta forma
de rechazo o que el otro no gozó lo suficiente, generándonos inseguridad.
Claro que esto sucede si nos interesa el placer del otro... Erróneamente
entendemos que la forma acabada del placer en el sexo es... acabar. Pero hay
hombres que disfrutan plenamente del sexo sin que se impongan como meta
irrenunciable la necesidad de acabar.
Estas cosas no son ni buenas ni malas, porque cada uno cree lo que cree. Pero
pensando así nos privamos del enorme placer de una relación sexual plena
-explorando todas las posibilidades de intimidad y goce que nos puede brindar el
orgasmo- al concentrarnos en lograr un buen “tiro final”.
El orgasmo y la eyaculación no son más que respuestas físicas que solo
se producen si las buscamos. Ambos implican una estimulación física que
incluye a los genitales, las vesículas seminales y la próstata -que liberan
fluidos que nutren y lubrican el esperma-, la liberación de mediadores químicos
que producen toda una serie de respuestas corporales y respuestas del sistema
nervioso simpático. La suma de todo esto generará una última respuesta en el
nivel cerebral, que es lo que conocemos como “orgasmo”.
Masters y Johnson, dos personas obsesionadas con el
sexo, fueron los primeros en describir este proceso en cuatro fases: excitación,
meseta, orgasmo y resolución. Estas fases fueron nombradas midiendo las
respuestas fisiológicas del cuerpo a los estímulos sexuales. Es importante
destacar que las personas llegan a la excitación y el orgasmo en formas
diferentes, y que percibirán o experimentarán estas fases a su propio modo.
La mayoría de los hombres muestran lo que M&J
llamaron “orgasmo de tipo A”, que se caracteriza por un período de excitación
que llega a una meseta y es seguido por la sensación de orgasmo con eyaculación,
sobreviniendo luego la resolución.
Asimismo, la mayoría de los hombres requieren una
pérdida de excitación para recuperarse y poder tener otro orgasmo. Esta fase
se denomina “período refractario” y es totalmente normal y diferente en su
duración para cada persona. Algunos pueden acabar dos veces seguidas y otros
no, lo cual no tiene nada que ver ni con la potencia sexual ni con la virilidad.
La meseta es el período posterior a la excitación
inicial durante el cual se mantiene ese nivel de excitación, un tope que el
cuerpo puede manejar biológicamente, más allá de que existan elementos psíquicos
que hagan parecer que la excitación sigue en aumento. Este período es un buen
momento para explorar el cuerpo del otro y las sensaciones del cuerpo propio,
aunque la mayoría pasa rápido por la meseta para llegar al orgasmo y acabar.
La fase que menos registramos es la de resolución.
Es el momento posterior al orgasmo, y algunos lo aprovechan para preguntarse qué
hacer con el tipo que tienen al lado, cómo irse elegantemente o preocuparse por
si se mancharon las sábanas. Para otros hombres, en cambio, es un momento de
mucha intimidad con su compañero, un placentero reposo después de la pasión
descontrolada (léase “calentura”).
Repitamos las fases: excitación, meseta, orgasmo y
resolución. Y recordemos también que el orgasmo no coincide necesariamente con
la eyaculación.
Otros hombres presentan lo que M&J llamaron “la pauta B” y en estos
casos la excitación lleva a una extendida meseta que no termina con el orgasmo
y la eyaculación; son los que “tardan” en acabar. En estos casos, muchos
hombres encuentran un gran placer en prolongar el período de excitación,
describiendo muchos de ellos que el mismo va aumentando como si no existiera un
tope y que los deja siempre muy cerca de la eyaculación, pero evitándola.
La “pauta C” de M&J engloba a aquellos
hombres que pasan muy rápido de una fase a otra y llegan rápidamente al
orgasmo y la eyaculación.
Los sexólogos clasifican a estos hombres como “eyaculadores precoces”. Sin
embargo, suele ser una pauta muy frecuente en aquellos hombres que mantienen
relaciones con un compañero anónimo y muchos la encuentran útil para eliminar
el estrés cotidiano (aquello del “polvito rápido”).
Los cinco sentidos colaboran junto a las
fantasías para comenzar el ciclo de la excitación sexual, una respuesta
natural y saludable ante los estímulos eróticos. Y esta excitación afecta a
todo el cuerpo y no solo, como creen muchos, a los genitales. Todo nuestro
cuerpo se vuelve receptivo a los estímulos eróticos.
El orgasmo es un reflejo y muchos hombres dicen no poder controlarlo, pero sí
puede ser retrasado, ya que se trata de un reflejo corporal. Todo el cuerpo
participa del orgasmo, que comienza con las contracciones de los genitales
internos (vesículas seminales, próstata y vasos deferentes). Estos órganos
largan sus jugos en el conducto eyaculatorio, que se expande para recibirlos, y
esta dilatación es lo que percibimos primero y es el momento en que podemos
todavía frenar la eyaculación para prolongar estas sensaciones, que son las más
intensas.
Hay un punto, sin embargo, en que el proceso es
irrefrenable y es cuando empieza la eyaculación, con contracciones que se
originan en los músculos perineales (los que se encuentran alrededor de los órganos
sexuales internos). Se pueden sentir estas contracciones dentro de la pelvis,
contra la base del pene -cerca del ano- así como en la zona que rodea el
agujerito de la uretra. El ano se contrae y lo mismo hacen muchos músculos del
cuerpo, tensionándolo para el disparo final. Cuando todas las contracciones se
sincronizan desde la base del pene hacia la punta, es cuando se produce la
eyaculación; generalmente, justo antes de esta, muchos músculos corporales se
relajan, incluido el músculo del ano, por lo que a muchos hombres les gusta ser
penetrados inmediatamente después de acabar.
Si bien las alteraciones durante el orgasmo y la eyaculación son raras,
podemos mencionar las siguientes:
Orgasmo sin eyaculación
Se produce cuando hay eyaculación hacia la vejiga -mejor conocida como
“eyaculación retrógrada”-. No hay nada que uno pueda hacer y no tiene
mayores consecuencias, a menos que se esté pensando en tener un hijo y en dicho
caso lo mejor es consultar a un médico urólogo.
Sangre en el semen
Esto puede deberse a varias causas: que se haya roto alguna venita en la uretra,
tener una prostatitis o una lesión en el riñón, o puede deberse a causas no
específicas. En los dos primeros casos no hay nada que uno pueda hacer y no
suele tener importancia; en los otros, se debe buscar la causa consultando a un
médico para que determine el origen.
Eyaculación dolorosa
La causa en casi todos los casos es una prostatitis. Debemos evitar la cafeína
y las comidas picantes, tomar mucho líquido y consultar a un médico para que
establezca el origen de la prostatitis e indique un tratamiento adecuado.
No eyacular o tardar mucho tiempo en hacerlo
Puede deberse a causas psicológicas, al estrés o ser un efecto secundario de
los antidepresivos llamados tricíclicos (Anafranil, Tofranil, etc.). Si las
causas son psíquicas, puede ser útil una consulta a un terapeuta de orientación
cognitiva o a un sexólogo para que indique algunos ejercicios para realizar con
la pareja, si se la tiene. En el caso de los antidepresivos, se impone una
consulta al psiquiatra que los indicó para que evalúe la posibilidad de
cambiarlos o no.
Eyaculación precoz
Aunque el término “precoz” es muy subjetivo, las causas suelen ser psicológicas.
Se establecen las mismas indicaciones que para el caso anterior.
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