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Hace
más de una década, en Londres, llamaron al turismo gay "The
pink pound", algo así como "La libra rosa". El título
se refería a que cada vez que la comunidad gay encontraba un
destino acorde a sus gustos, gastaba inmediatamente toda su plata
allí. Así es que, siguiendo "la pista del dinero", se
definían los nombres de las “ciudades gays”.
Hoy,
"The pink pound" es Buenos Aires, actualmente considerada
una de las capitales gays más populares del mundo, al mismo nivel
de Sydney, Australia (la meca gay contemporánea) y por encima de Río
de Janeiro, Brasil, que durante muchos años fue el destino gay por
excelencia de Sudamérica.
Sin nada al azar y casi con rigor científico, ningún turista gay
elige un nuevo destino de vacaciones sin antes contrastar su perfil
con dos fuentes muy confiables para la comunidad gay internacional:
la guía Spartacus, una especie de “Biblia” actualizada sobre
turismo gay, y el chat www.gaydar.co.uk
, que conecta al turista con “guías” gays locales que le
aseguran su conexión con la movida "gay friendly", o
"amigables con la comunidad gay".
Eso
es exactamente lo que hicieron la pareja gay alemana Bill Chappel y
Edwin Muller, antes de visitar Buenos Aires por primera vez. Al
igual que muchos gays que viajan por el mundo, ellos también creían
que Sudamérica terminaba en Río de Janeiro.
"Para nosotros, Buenos Aires es uno de los destinos gay más
sofisticados del mundo. Tiene el estilo europeo de Milán o París,
pero con una diferencia que la vuelve única: la movida gay dura las
24 horas del día". Hay dos cuestiones de fondo que, sin
duda, impulsaron el fenómeno del turismo gay en la Argentina. La
primera es económica: la devaluación del peso convirtió a Buenos
Aires en una de las capitales más baratas del mundo. Eso implica
que los turistas pueden comprar las mejores marcas de ropa y
accesorios, viajar por todo el país y comer en los más lujosos
restaurantes a precios verdaderamente increíbles.
La segunda cuestión, más trascendente, es cultural: la ciudad
aprendió a manejar los códigos de la comunidad gay, por lo que no
hace falta lidiar con prejuicios, ni hablar bajito para pedir una
cama doble en un hotel de cinco estrellas.
Pablo
es argentino, diseñador grafico y adicto al chat de gaydar. Allí
conoce algunos turistas a los que, "si hay rollo", les
muestra la movida gay porteña. "En Buenos Aires hay un
ambiente gay culto, que habla idiomas y eso ayuda. Los gays europeos
y norteamericanos tienen la mente más abierta que los nuestros. No
se ocultan: se dan la mano en la calle y, la verdad, la gente no los
molesta. Eso también los sorprende: muchos pensaban que aquí sólo
había monos y bananas."
Los turistas gays que visitan la Argentina tienen características
muy puntuales, que los convierte en un "target" muy
atractivo para el turismo local: son pasajeros frecuentes, gastan
dinero y son exigentes.
En
promedio, tienen entre 30 y 50 años y, en su mayoría, vienen de
Europa (en especial, de Alemania, España e Italia) y de los Estados
Unidos.
Clemente
Pacheco, de la agencia de turismo gay Bajo mundo BA www.bajomundo-ba.com.ar,
explica: "El 60 por ciento de los turistas gays que recibimos
son hombres. Nuestra agencia es muy virtual y aprovechamos la
sinergia de la condición gay. El turista gay es, por naturaleza, un
gran noctambulo, le gusta vestirse y comer bien. Por eso Buenos
Aires es un sueño para él".
Actualmente existe una oferta de más de cien bares, restaurantes y
discos “gay friendly” concentrada entre los barrios de Palermo
(en todas sus versiones, Viejo, SoHo, Hollywood y Sensible), San
Telmo, Recoleta y Barrio Norte.
Hay,
también, un turismo “de cabotaje”, que agrupa a los chicos de
veintipico que llegan del interior del país, sobre todo, de
Rosario, Córdoba y Tucumán. Pacheco, de la agencia Bajo Mundo,
agrega: "Los turistas gays eligen Buenos Aires como base, para
luego moverse por todo el país: visitan el Tren de la Nubes, en
Salta, Mendoza, Ushuaia y Bariloche. A la mayoría le entusiasma
mucho la idea del fin del mundo” (el sur argentino).
Respecto a la “pica” con Brasil, Pacheco dice que es real: “Río
quedó relegado y hoy concentra un turismo más “reventado”, más
ligado a los encuentros sexuales casuales y muy relacionado al
descontrol del carnaval. Buenos Aires, en cambio, se perfila como
una propuesta más cultural".
Según
el sitio de Internet de otra agencia de turismo gay, www.calutravel.com.ar,
"a la hora de moverse, los turistas gays prefieren el turismo
de aventura. El turismo urbano, lo dejan para divertirse”. El
sitio www.thegayguide.com
define, incluso, como “gay friendly”, a algunos hoteles céntricos,
como Howard Johnson y también, al histórico Hotel de los dos
Congresos, ubicado frente al Parlamento.
También algunas compañías aéreas, como Qantas y American
Airlines se definen abiertamente como “gay friendly”. Su
objetivo es aún más directo: capturar a los turistas gays, muy
amigos de los viajes, como pasajeros frecuentes.
Según
www.gaytravel.com,
las discotecas para bailar favoritas de la movida gay porteña son
las "electrónicas", como Pachá, Big One, Palacio
Alsina y la tradicional Confitería “La Ideal”, con
su atractiva oferta "Saturday's night live".
Para no perder las raíces arrabaleras, Buenos Aires ya tiene un
tango gay. Llamada "La Marshall", en honor a Niní,
uno de los grandes iconos gay porteños, todos los miércoles a la
noche, el local reúne a varias decenas de chicos, la mayoría de
ellos, turistas, a bailar tango. "El tango gay de Buenos
Aires es único en el mundo”, dice Roxana Gargano,
organizadora de La Marshall.
Augusto
su creador y profesor, explica: "La clave del tango gay es que
el hombre puede ‘llevar’ los dos roles: ser conductor y
conducido, este último, papel que, en el tango tradicional, lo
lleva siempre la mujer”.
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