Junio, el mes del orgullo
Junio ha sido el mes en que en todo
el mundo se celebra el día del Orgullo Gay con todo tipo de manifestaciones,
celebraciones, fiestas y enfrentamientos allí donde todavía
es duro manifestarse como gay, lesbiana o transexual, es decir, en la mayor
parte del mundo. Pero hay otros lugares en los que parece que ser gay,
lesbiana o transexual es más fácil y en donde muchas personas
sienten que ya no necesitan banderas, manifestaciones o sentirse orgullosos
de ser lo que son. Estas personas puede que olviden que los derechos (aun
no todos los derechos) conseguidos a base de lucha y de sacrificio por
algunos, pueden ser reversibles y que para gays, lesbianas y transexuales
las cosas nunca están ganadas y siempre es posible una regresión.
Ya ha pasado antes. Pero el mes del orgullo, las manifestaciones, celebraciones,
lo que sea, quizá sea una ocasión, además de para
divertirse, para reflexionar no con complacencia, sobre lo que hemos conseguido,
sino sobre lo que aun no hemos conseguido y sobre el peligro de pensar
que ya lo tenemos todo.
Quizá sea también un
día para que nos acordemos de que esta libertad de la que gozamos
unos pocos, se ha conseguido con trabajo y con el sacrificio de algunas
personas. Y que libertad no es sólo tener asociaciones y colectivos,
sino que es también poder ir a los bares que nos gustan y donde
no se nos moleste, poder ir por las calles sin ocultarnos, poder ir a las
saunas y disfrutar de una vida social y sexual más o menos plena.
Quizá en este mes no estaría de más que nos acordáramos
de la gente que trabaja por nosotros no un mes al año, sino todo
el año, cada día. Y también nosotros mismos, que vamos
a acudir a divertirnos a las manifestaciones, podríamos darnos cuenta
de la cantidad de veces en las que todavía no vivimos abiertamente
como gays, lesbianas o transexuales.
Junio es el mes en el que celebramos
una fiesta que conmemora un hecho histórico, como todas las fiestas.
Eso hace que podamos considerarnos y sentirnos una comunidad, como cualquier
otra que se reúne para conmemorar un hecho iniciático. En
este caso conmemoramos unos sucesos ocurridos en los años 60 en
un pequeño bar de Nueva York, el Stonewall, cuando un grupo de transexuales
dijo “basta” a los constantes abusos. Gracias a que su paciencia tuvo un
límite y a que quisieron conservar su dignidad, es hoy para todos
mucho más fácil conservar la nuestra. Ese simple acto de
rebelión nos sirve hoy para demostrar que la rebeldía siempre
va a estar en nosotros, que somos cada vez más fuertes y que ya
no nos avergonzamos de lo que somos. Pero no deberíamos pensar que
esto es sólo una fiesta, porque es muchas más cosas.
No deberíamos pensar que es
sólo una fiesta, aunque también lo sea. No deberíamos
perder de vista el objetivo y el sentido de para qué se convocaron
en un principio estas manifestaciones, estos festejos. Porque lo conseguido
puede acabarse en una vuelta rápida de la situación. Y no
olvidemos que en Europa corren vientos de extrema derecha. Está
bien participar en las fiestas del orgullo, pero el orgullo hay que llevarlo
con uno cada día del año, no sólo en junio. Hay que
sentirse orgulloso de ser gay cada mañana y, de la misma manera
que uno es gay en la manifestación de junio o en las fiestas, también
hay que ser gay en el trabajo, en la oficina, en la familia, con los amigos.
Y tenemos que tener en la memoria siempre a los que no se les permite marchar.
Este mismo mes, en Israel, en Jerusalem, han celebrado su primera manifestación
del Orgullo. Cincuenta personas han marchado entre insultos, entre personas
que les tiraban cosas, entre policías que les apuntaban con sus
armas. Esas cincuenta personas son unos héroes que están
abriendo las puertas a que dentro de cinco o seis años, en vez de
ser cincuenta sean cincuenta mil y ya no vayan atemorizadas, sino que avancen
entre disfraces, música disco, banderas, alegría y fiesta.
Y entonces mucha gente se meterá
con los activistas, con los que no están tan dispuestos a divertirse
como los demás, con los que recuerdan todo el tiempo lo que queda
por conseguir. Pero fueron esos mismos activistas los que habrán
conseguido que los manifestantes no tengan miedo y que la gente se arremoline
para ver pasar la manifestación. No hay que renunciar a lo que es
específico de la cultura gay: el glamour, las plumas, los disfraces,
los símbolos y las referencias sexuales. No hay nunca que olvidar
que no por vestirnos con corbata y americana nos iban a aceptar más
rápidamente. No tenemos ninguna obligación de ser como ellos.
Pero que esa manera de expresar nuestra diferencia, no nos haga olvidar
el pasado, que no nos desvincule del presente ni nos haga olvidar qué
es lo que en realidad celebramos. Cuando lo hayamos olvidado estaremos
más cerca de repetirlo.
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