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El pánico gay es real. 

 Entendemos por pánico gay esa situación en la que algunos hombres heterosexuales (muchos más de los que están dispuestos a reconocerlo) se sienten inseguros respecto a su masculinidad por la simple presencia de alguien gay o que se supone gay. Algunos sienten que su masculinidad peligra y como muchos hombres necesitan de una masculinidad férrea para sentirse como seres humanos valiosos, responden a esa situación con agresividad hacia los gays. Eso es la homofobia, sentirse en peligro, odiar, la homosexualidad, como si la homosexualidad en los demás pudiera hacer a los otros algún daño. Pero los homófobos así lo sienten. Se sienten verdaderamente en peligro. Hasta ahora esta explicación a la homofobia no era más que una teoría; ahora se sabe que es real y científica. Recientes descubrimientos han demostrado las raíces psicológicas de la homofobia. Eso es lo que ha explicado en un estudio el investigador Richard H. Gramzow de la Universidad de Northeastern, en Boston. 

"Los hombres que tienen un ego masculino más frágil son los que son más hostiles a los gays y esta hostilidad, dependiendo del contexto social, podría convertirse eventualmente en agresividad". El estudio fue presentado a principios de este año 2002 en una reunión de la Sociedad para la personalidad y psicología social de Boston. Gramzow buscaba determinar los factores que conducen al prejuicio y para ello reunió a 60 colegas, hombres y mujeres, estudiantes universitarios todos, y les hizo rellenar un cuestionario que le permitiera medir el sentido que cada uno tenía de su propia masculinidad o feminidad. El cuestionario incluía una serie de "cualidades" o "potencias" como "asertividad", "instinto maternal/paternal" o "dominancia" etc. Se pedía a los estudiantes que se atribuyeran o no dichas cualidades a sí mismos. Al mismo tiempo los participantes respondían a otro tipo de cuestionario en el que se les preguntaba por sus puntos de vista acerca de los gays y las lesbianas.  

Analizando los resultados, los investigadores de Boston encontraron lo esperable, que entre los hombres aquellos que tenían un sentido más alto de su propia masculinidad, aquellos que le daban más importancia a atribuirse características tipicamente masculinas, eran los que tenían una visión más negativa de los gays y, en menor medida, de las lesbianas. Por el contrario, no se encontró relación alguna entre la identificación de las mujeres con las características más femeninas y actitudes negativas hacia los hombres.  

Con estos resultados en la mano, Gramzow se dispuso a averiguar qué pasaba cuando estos hombres con un alto sentido de la masculinidad pensaban o sentían que ésta se encontraba bajo amenaza. En un segundo estudio se entregaban falsos cuestionarios dirigidos a generar "falsos perfiles de personalidad". De una manera aleatoria se dijo a la mitad de los estudiantes que habían dado una personalidad con altos niveles de feminidad, y a la otra mitad, que su puntuación había sido muy masculina. Después se les pidió sus puntos de vista acerca de lesbianas y gays. Como era de esperar, aquellos a quienes se había dicho que su puntuación era muy femenina respondieron al segundo cuestionario con una hostilidad mucho mayor que la anterior hacia los gays, aunque sus actitudes hacia las lesbianas no cambiaron. Por el contrario, las mujeres a las que se había atribuido características masculinas no incrementaron su hostilidad ni hacia los gays ni hacia las lesbianas. Según los conductores del estudio, éste demuestra que los hombres heterosexuales necesitan expresar su hostilidad hacia los gays como manera de expresar su masculinidad.