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   Relacionees peligrosas

Si bien los de nuestro gremio en estos tiempos podríamos considerar que cualquier relación que tengamos al azar pueda resultar algo peligrosa por las tantas enfermedades y difamadores que hay por allí, voy a referirme en específico a un tipo de relación muy común, que puede tornarse en extremo peligrosa.

Estas palabras tratan sobre las relaciones con compañeros de trabajo. No estoy hablando de esos incidentes de acoso sexual del que una vez fui victima por parte de una loca showsera (así mismo se definía él) de otro departamento, que no perdía la oportunidad de alabar de forma morbosa lo bien que me quedaban ciertos pantalones. Estoy hablando en especifico de esas relaciones que de verdad importan y que llegan a marcar un algo en tu vida. 

En la actualidad pasamos muchísimo de nuestro tiempo en la oficina o en nuestro lugar de trabajo, volviéndose éste algo más que un segundo hogar, en donde te relacionas con gente diversa, en su mayoría desagradable, pero con excepciones que pueden convertirse en buenos amigos, personas a quien admirar y porqué no, futuras parejas. Y es que después de compartir momentos de estrés, risas, recibir o dar ayuda desinteresadamente e incluso llegar a admirar el buen desempeño de ese compañero al que siempre esperas ver y por quien secretamente te esmeras acicalándote cada mañana, el camino para que pase algo queda abierto. 

Primero obviamente, hay que cerciorarse de que ese compañero, que te trae de los pelos es gay y sobre todo sin un compromiso actual, una vez aclarado esto se dan las conversaciones de quien mas podrá serlo en tu lugar de trabajo, comparten miradas cómplices al echar el cuento de esa ultima relación, después sale una rumbita o un café por ahí y chupulum! no te diste cuenta como, pero ya estás comprobando los atributos con los que tanto soñaste descubrir debajo de esa ropa que tan bien le queda a diario. 

Los primeros días se da la combinación ideal de lo que se llama “disfrutar tu trabajo”, tienes que ir a diario allí, pero ahora hay una razón que te mueve a hacerlo sin despertarte la mas mínima queja, él está allí. Siempre que pueden almuerzan juntos, se pasan correos internos planeando lo próximo que van a hacer y diciéndose lo mucho que se quieren, se ríen de lo bien que les sale el que nadie se entere de lo que acaban de hacer en el baño o del beso que no pudieron aguantar de darse mientras estaban solos en el ascensor. Se ayudan en todos los aspectos posibles y la gente del entorno envidia lo pana y especiales que se han hecho ese “par de carajos”. Siempre habrá quien sospeche, pero al incluir a una de las muchachas de la oficina en los almuerzos y salidas casuales se disipa toda duda de que haya algo mas que camaradería. Si se cuidan los detalles de no mencionar tanto a fulano y que nadie los vea salir a diario juntos, la cosa aunque a veces se torne un pelo detectivesca y fastidiosa, también se puede considerar excitante.

Lamentablemente nuestro trabajo así como todo en la vida, tiene aspectos buenos y malos. Por mas que trates de evitar que el mal humor no influya en tu relación, un proyecto fallido, un regaño del jefe o la presión de no poder tener un minuto de espacio propio influyen muchísimo en el bienestar de esa pareja que está allí tan pendiente de ti. Si bien es cierto que no hay que llevarse los problemas del trabajo a la casa, el saber que tu compañero conoce al detalle todos los pormenores de lo que has hecho en la oficina da pie a que sea casi imposible que en algún momento antes de dormir retomen un poco el hilo de la oficina. Y así a diario, aunque están mas unidos que cualquier otra pareja, la oportunidad de que se separen por el hastío o la presión de ser buenos compañeros de trabajo, excelentes como pareja, no sentir celos por los otros panas de la oficina, tener vigor animal para el sexo y aparte ser compadres de la oficina para los ojos de todo el mundo, pueden convertir este tipo de relación en algo tan difícil como sacar a Chavez del poder, lo que significa, que es algo muy, pero muy difícil, pero no imposible.

Tal vez algunas de esas parejas se mantengan unidas por el tiempo y al cambiar de trabajo se equilibre toda la presión, pero la mayoría de las que conozco y me incluyo en esta categoría, paran en un final que si es bien manejado no es tan desagradable, pero que te toca todos los aspectos de tu vida, sobre todo si el final de la relación lo marco uno de los dos o si al final las cosas se tornaron muy distintas que al principio. Tratar de ver a diario a ese alguien a quien amaste de una forma distinta provoca un gran vacío y dejar las costumbres de flirteo y complicidad te pueden desubicar a tal punto de perder el hilo de tus funciones y tomar decisiones drásticas como renunciar o bajar tu rendimiento, demostrando sin querer a tus compañeros y a él mismo que durante un período de tu vida, has perdido el control de tus cosas por completo.

Todos en esta vida hemos sufrido por un amor, creemos que moriremos al saber si ya está con alguien más mientras nosotros aun nos recuperamos, nos sentimos solos y perdidos, eso es algo normal, pero tener a ese amor fallido al lado de una forma casi obligatoria mientras pasamos este malestar es una rutina que no sé cuantos podamos soportar. 

Este es el porqué de mis palabras, las relaciones afectivas son complicadas de por si, pero si nos empeñamos en empeorarlas con este tipo de situaciones corremos el riesgo de caer en una de las pruebas más difíciles que el amor pueda provocar en la vida de cualquiera.

Si amas a alguien de tu oficina, piénsalo muy bien antes de actuar, considera todos los riesgos en los que podrías incurrir y pondera si eso que te hace sentir esa persona en realidad es amor y no atracción antes de emprender la utópica cruzada de creer que el amor lo aguanta todo.

Cada uno de nosotros es una persona distinta en las distintas áreas que vivir significa y tener que mostrarle todas tus caras a la persona que amas, tal vez no sea la mejor clave para mantener una relación, que si no se hubiese desarrollado en un ambiente laboral pudo haber sido maravillosa y muy duradera.

Suerte para aquellos que lean esto y estén viviendo un affair laboral y una palmada en el hombro para aquellos que sepan el porqué estoy catalogando esto como una relación peligrosa.