Un suplicio para muchos pero una necesidad
para todos. Y es que el hombre pasa más de 3.000 horas de su vida afeitándose,
lo que convierte esta actividad es una de las rutinas fundamentales en la
historia de cada uno de nosotros.
1. Después de una buena ducha, podéis
conseguir un afeitado más apurado aplicando una toalla caliente sobre la
piel. Los poros se abrirán más y el cutis sufrirá menos. Repetid la operación
varias veces. ¡Cuidado con las quemaduras!
2. Los expertos recomiendan brocha y jabón.
Dicen que se crea una película más gruesa, además de que estéticamente
tiene un ritual con cierto encanto. Para los más comodos, la espuma nos
convence. Utilizad una específica para vuestra piel.
3. La cantidad de jabón que utilicéis no está
en proporción directa con la calidad del afeitado. Coged una pequeña
cantidad, y aplicad la espuma despacio y con pequeños movimientos circulares.
Dejad que repose sobre la piel unos dos minutos.
4. Utilizad sólo una mano; no hagáis
malabarismos. Primero afeitaos hacia abajo, con mucha paciencia. Después, si
lo necesitáis, hacedlo a contrapelo, pero siempre aplicando otra capa de
espuma. Producirá cierta irritación, pero apurará mejor.
5. Una vez terminado el proceso, es muy
importante que se cierren los poros, sobre todo para prevenir posibles
infecciones. Hacedlo primero con agua templada, y después con fría. Si sangráis
un poco, podéis aplicar una toalla con agua muy fría unos segundos.
6. Una vez secada la piel cuidadosamente,
terminamos la tarea hidratando la piel como se merece. Después de tanto
sufrir la pobre necesita todo tipo de mimos para recuperar su suavidad. No
utilicéis ninguna loción con alcohol, optad por vuestra hidratante. |