Salud y Belleza  
 
 
Alopecia masculina


Ratones caseros quemados, dientes de caballo, grasa de oso y médula de ciervo. He ahí la receta con la que Julio César intentaba poner freno a su calvicie. A lo largo de la Historia se han multiplicado los tratamientos «milagrosos», mera charlatanería de la que todavía no estamos a salvo. Sin embargo, hoy las «pócimas mágicas» conviven con soluciones reales respaldadas por estudios científicos. Los especialistas desgranan sus propuestas para poner fin al problema estético que más preocupa a los varones.

Objeto y sujeto de atención permanente, el pelo es uno de los atributos físicos más importantes: remata el cuerpo, corona la cabeza y enmarca las facciones. A lo largo de la Historia ha sido símbolo de fuerza, honor, virilidad... y su importancia estética es tal que hasta a los hombres les preocupa. Hecho lógico si tenemos en cuenta que son muchos los integrantes del supuesto sexo fuerte que comprueban, no sin cierta desesperación, cómo sus cabellos les abandonan. Y si hasta ahora las frentes despejadas se asociaban a hombres sabios y maduros, con puestos de alta responsabilidad y edades superiores a los 40 años, ahora las cifras muestran que también son muchos los jóvenes que tienen problemas una vez pasada la veintena. Los últimos estudios hablan por sí solos: de un total de 6,5 millones de españoles entre 25 y 45 años, 2,6 millones sufren alopecia leve o moderada. De este porcentaje, los hombres que rondan los 50 siguen ocupando el número uno en el «ranking» de la calvicie (el 50 por ciento) mientras que los que tienen alrededor de 25 años representan el 25 por ciento del total. 

Despejar términos; poblar calvas

Que a unos y a otros se nos cae más de una vez el pelo a lo largo de nuestra existencia es un hecho totalmente constatable. Los cabellos se desprenden, de forma natural, al final de su periodo de crecimiento. El problema surge cuando la caída es más abundante de lo habitual y, con el paso del tiempo, se puede ver el cuero cabelludo en zonas que han quedado desocupadas por sus inquilinos habituales, o sea, calvas. Esta alteración es la que da nombre a la alopecia, término que tiene su origen en el griego «alopex» (zorro o sarna del zorro). Respecto a la afección que nos ocupa, esto admite dos interpretaciones: la primera, que este animal puede presentar zonas sin pelos o calvas en su cuerpo; la segunda hace referencia a la imposibilidad de que la hierba crezca en el lugar donde el zorro ha orinado. Descrita en sus estudios por Hipócrates, que sufría alopecia androgenética (calvicie hipocrática), este trastorno es, y ha sido a lo largo de los siglos, la gran preocupación estética de los hombres. Para que quienes la sufren puedan conocer las causas y las soluciones, ABC Salud realiza un recorrido que llega hasta la raíz del problema. 

Viaje al fondo del pelo

Un viaje por el cuero cabelludo puede aclarar algunos puntos:
- Su estructura. El cabello es un material increíble que, aunque está muerto, no puede tener más vida propia. Para entenderlo, hay que conocer su compleja estructura. En líneas generales, lo que todo el mundo conoce por pelo (la parte que sobresale de la piel sobre nuestra cabeza) sólo es una parte del mismo, el tallo, y está biológicamente muerto. Su componente principal es una proteína llamada queratina, que supone entre el 85 y el 90 por ciento del peso total del cabello. Se encuentra en el núcleo central del tallo, que se denomina córtex y, que a su vez está cubierto por una capa externa (cutícula). 
La otra parte, la raíz, está escondida bajo la piel y se encuentra hundida oblicuamente en el folículo piloso, a través del cual nace y crece el cabello. Estos folículos, que son como diminutos tubos encerrados en la piel, se forman antes del nacimiento y ya entonces se fija su número. A partir de ese momento su misión es producir un pelo sano y normal. En la parte superior del folículo piloso desemboca la glándula sebácea que produce una secreción grasa.
- Su ciclo vital. El crecimiento del cabello humano supone una actividad constante: los cabellos se encuentran en distintas fases de movimiento y descanso, ya que cada pelo tiene su propio ciclo independiente de los que le rodean. «Cada día crecen nuevos pelos en la cabeza mientras otros caen, de acuerdo con un ciclo que se renueva ininterrumpidamente», explica el doctor Eduardo López Bran, dermatólogo y director del Gabinete Dermatológico y Capilar de Madrid. Cada ciclo está formado por diferentes fases: crecimiento, regresión y descanso».
El pelo pues, crece, descansa y cae. Crece por división celular en la llamada fase anágena. Variable de una persona a otra, esta etapa dura aproximadamente entre dos y seis años. El índice medio de crecimiento es de 0,3 a 0,5 mm/día. Al concluir este estadio, comienza el de regresión (fase catágena), que dura entre dos y cuatro semanas durante las cuales el folículo piloso se acorta y se retrae. Esta fase desemboca en la etapa de descanso (telógena), que tiene una duración aproximada de tres meses. El pelo, que ya ha alcanzado su máxima longitud, es expulsado entonces por otro nuevo que sale desde el mismo folículo piloso. El ciclo vuelve a comenzar.

Caída libre

Por término medio la cabeza está poblada por entre 100.000 y 150.000 pelos que crecen unos quince centímetros al año. Cada día se pierden entre 50 y 70 cabellos, cantidad que se ve equilibrada con el nacimiento de otros nuevos. Cuando la pérdida supera los límites establecidos y el volumen empieza a disminuir, conviene estar alerta. Quizá en poco tiempo la persona afectada pueda comprobar cómo empieza a entreverse su cuero cabelludo. La alopecia, que tiene un claro apego a las cabezas masculinas, también afecta a las mujeres. Pero ése es otro tema. En las próximas páginas encontrará información sobre el patrón de alopecia masculina y, fundamentalmente, de la alopecia androgenética o calvicie común, la caída del cabello típica en el hombre.
«Los factores genéticos son los auténticos culpables de este trastorno que está determinado por la forma en la que los folículos pilosos reaccionan ante las hormonas masculinas (andrógenos)», continúa el doctor Eduardo López Bran. «La dihidrotestosterona, también llamada DHT, un metabolito de la testosterona y la hormona masculina más importante, desempeña un papel esencial: acorta la fase de crecimiento del folículo piloso y la reduce hasta el punto de que los nuevos cabellos no alcanzan ni el tamaño ni el grosor que sus antecesores, con lo que se convierten en vello. El número de pelos disminuye, pero la raíz permanece viva, con lo que ésta puede reactivarse». 
Este tipo de alopecia suele comenzar en las sienes y afecta también a la coronilla. Normalmente hace su aparición a edad temprana -en algunos casos, incluso nada más acabar la pubertad-, y su incidencia es mayor a medida que transcurre el tiempo. Alrededor de los 50 años suele afectar al 50 por ciento de los varones. Muchos de ellos están bastante más atractivos de lo que creen, pero la importancia que se concede a la caída del cabello es algo totalmente personal. De cualquier manera, a la gran mayoría de los hombres importarles, les importa. O al menos esto es lo que ellos mismos confiesan. 

Fobia a quedarse calvos

Según un estudio realizado por los laboratorios MSD y por SIGMA 2, la gran mayoría de los hombres siente que la caída del pelo afecta a su imagen y el 88 por ciento se siente frustrado o impotente frente a esta cuestión. Dada la importancia que el cabello tiene en la cultura moderna, muchos encuestados confiesan haberse sentido afectados psicológicamente y haber sufrido ciertas crisis de angustia ante su incipiente calvicie. Como consecuencia, se encuentran más débiles e inactivos e incluso piensan que disminuye su atractivo sexual. En otro estudio similar realizado por la misma firma en EE.UU., el 90 por ciento de los participantes confesó que le gustaría tener más poblada la testa y el 92 por ciento que pasa determinado tiempo observando el pelo en el espejo. Frente a esta situación, el 90 por ciento trata de encontrar una solución a la caída del cabello y un 63 por ciento, mientras toma una decisión, tiende al conocido «modelo Anasagasti». Es decir, intentar ocultar la calva. 
Por tanto, una mayoría quiere combatir el problema. Para ello, el primer paso es acudir a la consulta del dermatólogo. Éste realizará un completo estudio en el que apuntará todo lo referente al momento en que comenzó la caída del pelo, la forma en que se cae, las enfermedades que ha sufrido el paciente, si toma algún medicamento... «Hacemos, en definitiva, un historial clínico, que precede a un análisis en profundidad del cabello, el cuero cabelludo, las uñas y el conjunto de la piel», explica el doctor Ricardo Ruiz, jefe de servicio de la Unidad de Dermatología de la Clínica Ruber de Madrid. «Cuando el paciente padece un caso claro de alopecia androgenética, el diagnóstico es sencillo. El problema surge ante alteraciones inflamatorias o cicatriciales. Entonces hay que realizar un examen médico más exhaustivo». Si se dan estas circunstancias, el experto efectúa otro tipo de pruebas como el análisis del pelo (tricograma), de sangre o de una muestra de piel. Así se llega al diagnóstico correcto, siempre fundamental para iniciar un tratamiento eficaz. A partir de aquí, el médico propone y el paciente dispone. 

Soluciones a medida

Atrás quedaron los días en que ranas y serpientes vivas eran maceradas en un mortero para obtener milagrosas curaciones. Son miles de años los que han transcurrido desde entonces y las bases de la investigación se asientan ahora en pruebas reales. En el siglo XXI hay diferentes maneras de conservar o «recuperar» el cabello perdido. 
Técnicas quirúrgicas. Los postizos pueden sustituirse por el propio pelo gracias a las diferentes técnicas. 

1. «Lifting» extendido del cuero cabelludo. La última novedad es la solución ideal para los grandes calvos y promete resultados hasta ahora imposibles de conseguir. Consiste en estirar la piel de la zona superior de la cabeza, afrontando ambos laterales de cabello sano en la línea media. Se realiza en la clínica y el paciente está controlado durante 48 horas después de la operación. Después se marcha a casa y puede lavarse el cabello con un champú normal, de manera que ve el resultado inmediatamente. «Conseguimos rellenar con cabello sano una coronilla de hasta 16-18 cms. de diámetro. O, lo que es lo mismo, y para que nos entendamos, poblamos la cabeza de un varón calvo que haya perdido hasta un 70 por ciento de su cabello; el otro 30 por ciento nos da la posibilidad de redistribuirlo de tal forma que toda su cabeza quede tapada o recubierta de nuevo», explica el doctor Ignacio Fernández Sanza, especialista en Cirugía Estética. «Hasta ahora sólo podíamos ofrecer resultados a aquellos pacientes con pérdidas entre un 30 y un 40 por ciento. Por lo tanto, con esta nueva cirugía ganamos un 30 por ciento más de superficie a tratar. Supone un gran avance, según hemos comprobado por los resultados obtenidos en el centro», continúa el especialista del Instituto de Cirugía Estética del doctor Javier de Benito, en Barcelona.
La única secuela de dicha intervención es una cicatriz en la zona media del cuero cabelludo que se extiende hacia las patillas lateralmente y queda oculta por el propio pelo. «A veces, cuando el cuero cabelludo es poco elástico o no se cicatriza bien, recomendamos combinar esta técnica con el autotrasplante», indica el doctor Fernández Sanza. «Además, hay que aclarar que la calvicie incipiente o difusa -es decir una coronilla que clarea, unas pequeñas entradas-, no es una buena candidata a esta intervención. A estos pacientes les recomendamos el autotrasplante de pelo».
2. Autotrasplante de pelo. Esta técnica, que básicamente consiste en trasplantar el propio cabello de una zona dadora a una receptora, ha avanzado de forma espectacular durante los últimos años. El llamado «pelo de muñeca», resultado de las intervenciones antiguas, es ya parte de la historia. «Con los medios actuales, el autotrasplante es una solución muy eficaz e indetectable», asegura el doctor López Bran. Y es que, en una sola sesión, de unas dos horas de duración y bajo anestesia local, se logra trasplantar una gran cantidad de cabellos que consiguen repoblar la zona calva. Además, los especialistas garantizan que el pelo autrotrasplantado vivirá con el paciente para siempre, ya que no está predipuesto genéticamente para perderse. «La técnica más moderna es la de "unidades foliculares", que ha venido a sustituir a la del microinjerto. Estas unidades foliculares son grupos de uno a tres pelos, que crecen de forma natural en el área dadora (generalmente la nuca) y que no deben dividirse para evitar destruir la unidad. Es decir, se mantiene intacta para garantizar que el pelo trasplantado crece al cien por cien», explica el especialista. Toda persona sana puede realizarse esta intervención siempre y cuando exista una buena relación entre la zona dadora y la receptora. Los cabellos crecen a partir de los tres meses en los hombres y a partir de los cinco en las mujeres.

Medicamentos.

En el caso de la calvicie androgenética, existen comprimidos y lociones que prometen de todo y no consiguen de nada, y otros que han demostrado su eficacia mediante un riguroso ensayo clínico. Éste es el caso de la Propecia (finasteride) y del Minoxidil. 

1. Comprimidos. El primer tratamiento oral para la alopecia androgenética, leve a moderada, que muestra evidencias científicas de su eficacia lleva el nombre de Propecia (finasteride 1 mg.). Actúa directamente sobre la raíz del problema, inhibiendo la enzima 5-alfa-reductasa de tipo II, que reduce la conversión de la testosterona en dihidrotestosterona (DHT), responsable final, como veíamos al principio del reportaje, de la caída del cabello. De esta forma el ciclo del crecimiento del pelo se normaliza y se frena el proceso de caída. «Este medicamento está autorizado por la FDA -organismo norteamericano encargado de la aprobación de nuevos fármacos- y la Agencia Europea del Medicamento, con una clara indicación: tratamiento de varones con calvicie de patrón masculino para aumentar el crecimiento del cabello y evitar su caída posterior. Esto es suficiente para reafirmar su seriedad», señala el doctor Ricardo Ruiz. «Lo importante, para entenderlo, es ver cómo se descubrió. El compuesto activo de Propecia (finasteride) se está utilizando desde hace más de 10 años en la hiperplasia prostática benigna (aumento de la próstata con la edad). En los pacientes tratados con él se observó que el pelo se dejaba de caer e incluso salía nuevo. Por ello, se realizó un estudio con dicho fármaco en personas jóvenes y a una dosis menor (1 mg. en lugar de los 5 establecidos). De esta manera se descubrió su eficacia». A partir de aquí este fármaco ha sido sometido a diferentes ensayos clínicos a nivel internacional. Según los resultados, en el 83 por ciento de los varones que tomaron el medicamento durante veinticuatro meses, se detuvo la caída del cabello. También se demostró su eficacia en el crecimiento, estimulando su desarrollo en el 66 por ciento de los casos.
Una vez dicho esto, hay que dejar claro que este compuesto, con un excelente perfil de seguridad en los varones, presenta dos claras desventajas. Hay que tomarlo de por vida para que resulte eficaz, y es caro (alrededor de 9.000 pesetas al mes). Por último, es de uso exclusivo para los hombres y las mujeres embarazadas no deben tocarlo para evitar la absorción por vía tópica. 
2. Lociones. Existe un tratamiento local, el Minoxidil, que es aconsejado por los dermatólogos en caso de alopecia androgenética como complemento al finasteride. Se descubrió al comprobar que los pacientes que sufrían de hipertensión y lo usaban, presentaban una pilosidad corporal mayor a largo plazo. Aunque su mecanismo de acción no ha sido establecido, su efectividad (aplicado de forma local en concentraciones entre el 2 y el 5 por ciento) ha sido demostrada al menos en un tercio de los usuarios, en los que se ha visto cómo se detiene la pérdida progresiva del pelo que, en algunos casos, vuelve a crecer en un plazo de 4 a 8 meses. Los resultados dependen de la duración, el lugar y la extensión de la alopecia, así como de la edad. Los hombres jóvenes, cuya coronilla empieza a despoblarse, consiguen mejores beneficios de este tratamiento cuya aplicación regular es indispensable. 
 

En fin, soluciones para unos y para otros, que no quiere decir soluciones para todos los gustos. Al cabo, si «los caballeros las prefieren rubias, pero se casan con las morenas», las damas parecen más honestas y proclaman sin pudor su amor por los varones de frente despejada. Si no, que se lo pregunten a Yul Brinner, el «calvo divino»...