Manos
de exposición
Vivas,
expresivas, las manos dan pistas sobre la personalidad tanto o más
que la cara. Reflejan el estado de salud, la higiene de vida o la desidia.
Deberían cuidarse con más atención que el rostro,
porque las manos tocan, acarician, apaciguan, excitan, … La base de unas
manos cuidadas está en una limpieza rigurosa e irreprochable.
Cuentan
que Catalina de Medicis dedicaba dos horas diarias al cuidado de sus manos,
legendarias por su belleza. Sin llegar a tanto, tratarlas diariamente debería
ser un rito obligado ya que la piel que las recubre es excepcionalmente
fina y está desprovista de glándulas sebáceas por
lo que carece de un manto protector.
Las
manos están sometidas, a lo largo del día, a diferentes agresiones
ambientales (frío, sol,…) o domésticas (cuando se utilizan
productos químicos para la limpieza y exceso de agua). Además,
por el exceso de sol, pueden aparecer pequeñas manchas oscuras que
estropean su aspecto.
Sequedad
A
partir de los treinta años hay que actuar, además, contra
el envejecimiento. Éste se manifiesta, en primer lugar, mediante
una sequedad permanente que deja la piel apergaminada y origina una pérdida
de grosor.
También
hay que tener en cuenta que, al estar en continuo movimiento, las manos
son muy visibles. Ya que no se pueden someter a ningún apaño
quirúrgico, no queda más remedio que poner en marcha un plan
de ataque preventivo que incluirá la utilización de guantes
de caucho para realizar las tareas domésticas. Incluya entre sus
rutinas la aplicación de productos que hidraten la piel así
como de cremas que las protejan del sol y de las condiciones extremas.
Limpieza
a fondo
La
base de unas manos cuidadas está en una limpieza rigurosa e irreprochable.
Nunca están suficientemente limpias, pero al mismo tiempo el agua
las destroza. Esta paradoja se soluciona utilizando un jabón ácido
que respete el PH de la piel y combata simultáneamente los efectos
nocivos de las aguas calcáreas.
La
limpieza debe ir acompañada del cepillo de uñas (de madera
y cerdas naturales) y la piedra pómez. Es muy importante terminar
con un buen secado y evitar en lo posible los secadores de aire.
Una
buena crema
Una
vez retirada la humedad, se debe usar una crema nutritiva e hidratante.
Lo óptimo es recurrir a ella después de cada lavado, y lo
mínimo dos veces al día, por la mañana y por la noche.
Una buena crema debe servir tanto para la palma como para la parte exterior,
ya que son dos tipos de pieles distintas. La externa es rica en glándulas
sebáceas, y la palma, rica en glándulas sudoríparas.
La crema de manos no debe ser grasienta ni pegajosa, sino ligera, suave
y de rápida absorción.
Su
elaboración ha mejorado mucho, situándose a la altura de
los productos antienvejecimiento más revolucionarios. Las cremas
de manos de las grandes marcas vienen con filtros protectores de rayos
ultravioletas. Algunas son, además, especiales para las manchas
que producen el sol y la edad. Este es uno de los grandes retos de la cosmética.
Antes, su desaparición sólo se conseguía con técnicas
dermatológicas, pero ahora estas cremas han probado su eficacia,
si se usan con regularidad durante, por lo menos, tres semanas.
Silicona
y rayo láser
La
cirugía estética no puede hacer milagros en las manos. Se
han hecho intentos con silicona líquida para dar un aspecto más
carnoso, pero sus efectos resultaron ser poco duraderos y hasta peligrosos.
El rayo láser y los peelings realizados por médicos dan resultados
más o menos duraderos con las manchas.
Cuando
la piel de las manos adopta un aspecto apergaminado y frágil, se
puede recurrir al implante de grasa para devolver la tersura a esta zona
e hincharla desde dentro. Es un procedimiento sencillo, ya que se realiza
mediante pequeñas inyecciones, pero su precio ronda las 200.000
pesetas y los efectos no suelen durar más de dos años. |