Eliminar los michelines, «pulir» la nariz, redondear
los glúteos, alisar el pecho, perfilar las orejas… ¿Cosas de
mujeres? En absoluto. Al menos, desde hace ya algún tiempo. De
cada cinco personas que acuden a un cirujano estético en España,
una pertenece al género masculino. Los tópicos se derrumban. Unos
hablan de culto a la belleza, otros de sentirse bien consigo
mismo. Ya lo dijo Jean Cocteau: «Un defecto del alma no puede
corregirse en el rostro, pero un defecto del rostro, si se
corrige, puede corregir un alma»
La cirugía estética ya no es un coto
privado de la mujer madura. El número de hombres que pasa por el
quirófano crece de forma imparable: si en 1996 el porcentaje de
pacientes masculinos era de poco más del 5 por ciento, esta cifra
se ha triplicado cinco años después. ¿Las causas? «Casi todos los
hombres que acuden a la consulta arguyen razones profesionales»,
afirma José María Suescun, director general de Corporación
Dermoestética. El aumento de profesiones que requieren un contacto
con el público es la principal causa de esta evolución, de este
singular cambio. En un mundo laboral muy competitivo, donde la
juventud prima sobre la experiencia y hay que vender a cualquier
precio, el primer impacto visual es primordial porque produce un
enorme intercambio de información. Claro está que a veces esta
razón sirve para enmascarar otras, como la simple coquetería, en
lucha con el paso del tiempo.
Y es
que la cirugía estética puede suponer el comienzo de una nueva
etapa (el paciente se siente más a gusto en su piel), la
oportunidad de encontrar un empleo mejor o de entablar una vida
amorosa más placentera, un cambio en el tipo de relaciones
sociales o simplemente la posibilidad de enterrar viejos
complejos. «La belleza es la mejor recomendación que uno puede
presentar», decía Aristóteles. Sí, pero, ¿de qué se operan los
hombres?
La curva de la felicidad
En torno a los 40 años, y a menudo tras una
ruptura sentimental, muchos señores se percatan de que las horas
de gimnasio no son suficientes para «mantener el tipo». «Cuando
las calorías de cada bocado se quedan irremediablemente instaladas
en el temido "flotador", entramos en escena los cirujanos
plásticos», afirma el doctor Julio Millán, jefe de Servicio del
Departamento de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética de la
Clínica Ruber, de Madrid.
En los
hombres, la grasa se dispone de forma distinta a las mujeres, de
manera que se acumula en la zona del estómago y en los flancos
laterales. «Lo más importante es saber dónde se instala esa grasa,
ya que en la mayoría de los casos se localiza intrabdominalmente
(alrededor del hígado, el páncreas...) y, si es así, no se puede
eliminar con cirugía», explica el doctor José María Serra Renom,
director del Instituto de Cirugía Plástica que lleva su nombre.
«Si los excesos se encuentran entre el músculo y la piel (cuando
se pueden pellizcar), se realiza una liposucción, que extrae la
grasa por medio de microcánulas que se introducen por el ombligo y
el pubis (para que queden ocultas las incisiones)». También sucede
que algunos hombres, sin estar gordos, tienen la pared abdominal
distendida y flácida, e incluso con un pliegue de grasa, y esto no
lo puede solucionar ninguna dieta. «En estos casos, se realiza un
"lifting" que extirpe ese pliegue cutáneo, procurando que la
cicatriz quede oculta bajo la ropa interior», concluye el último
especialista citado. El paciente tendrá que pasar dos semanas de
reposo relativo y llevar una faja durante un mes.
Por los pelos
Es su peor pesadilla. Son pocos,
poquísimos, los hombres satisfechos con la cabellera que les ha
tocado en suerte. Incluso aquellos con los que la Naturaleza ha
sido más generosa, tarde o temprano sucumben a la inevitable
alopecia. Frente a grandes males, grandes remedios:
Para coronillas que clarean o pequeñas
entradas se recomienda el autotrasplante de pelo. Se toman
cabellos de las zonas pobladas (generalmente la nuca y patillas) y
se trasplantan a las áreas despobladas. «Esta técnica ha avanzado
de forma espectacular y sus resultados están lejísimos de aquellos
microinjertos de antaño, que producían el triste efecto de "pelo
de muñeca"», asegura el doctor Eduardo López Bran, director de la
Clínica Dermatológica y Capilar. «Ahora realizamos trasplantes de
grupos de uno a tres pelos, que crecen unidos de forma natural. Al
mantenerse intacta esa unidad folicular, se garantiza que el pelo
trasplantado vivirá con el paciente para siempre, ya que no estaba
predipuesto genéticamente para perderse», continúa el experto. En
dos horas se puede repoblar una cabeza que haya perdido hasta un
40 por ciento del cabello. Los resultados se aprecian a los tres
meses cuando empieza a nacer el pelo de los folículos
trasplantados.
Para calvicies avanzadas la última novedad
es el «lifting» del cuero cabelludo. Con esta operación se
obtienen resultados en coronillas de hasta 16-18 cms. de diámetro.
Consiste en efectuar un corte en la parte superior de la cabeza,
estirar la piel de esa zona y unir los dos laterales con cabello
sano. «Podemos repoblar cabezas que hayan perdido hasta un 70 por
ciento de su cabello ya que, con el 30 por ciento que aún se
mantiene en su sitio, la recubrimos de nuevo», indica Ignacio
Fernández Sanza, especialista en implantes del equipo del doctor
Javier de Benito. Los resultados se aprecian inmediatamente y la
única secuela es una cicatriz en forma de S que queda oculta por
el propio pelo.
Con buenos ojos
«Un rostro con bolsas y ojeras parece
indicar un cierto declive físico que no suele corresponder ni a la
edad ni al estado mental del varón que entra en la madurez. La
blefaroplastia se sitúa, por este motivo, en el tercer lugar de
las demandas masculinas», dice el doctor Julio Millán. Se puede
eliminar la acumulación de grasa de los párpados y también la
flacidez. En el primer caso, las bolsas no se suelen extirpar
totalmente, sino que se recolocan para evitar el efecto de
hundimiento del globo ocular. Este proceso se efectúa desde el
interior, sin tocar la órbita, con lo que se evitan incisiones. En
el segundo caso, al retirar la piel sobrante queda una cicatriz
casi imperceptible en el pliegue del párpado (los puntos se quitan
a los 5 días). Hay que advertir que siempre aparecen
hematomas.
Por narices
Son los más jóvenes los que se preocupan
por su nariz. «Muchas veces acuden a la consulta por un tabique
nasal desviado o tras sufrir un traumatismo nasal, y esto les
sirve de excusa para dar el primer paso y solicitar lo que
realmente desean, que es cambiar la forma de su nariz», apunta el
doctor Millán. «Antes de ponerse manos a la obra, hay que valorar
la armonía con el rostro ya que a un hombre no se le puede dejar
una nariz pequeña y respingona», añade.
La rinoplastia tradicional se realiza a través de
las fosas nasales, con una incisión interna para que no queden
marcas. El doctor Roger Amar, miembro de la American Society for
Aesthetic Plastic Surgery, va un paso más allá e interviene a
través del párpado inferior «porque permite un corte del hueso de
una manera directa y un mayor control de la forma final». «Al no
existir contacto con las fosas nasales, no hay riesgo de
infecciones y, dado que la sangre se evacua durante el proceso,
surgen menos hematomas», asegura.
El paciente no podrá hacer vida normal durante una
semana porque suelen aparecer edemas, hinchazón y cardenales y las
fosas nasales estarán taponadas.
Cuello «de pollo»
Cuando los músculos del óvalo facial
pierden definición se produce lo que vulgarmente se denomina
«cuello de pollo». Esto provoca una molesta acumulación de grasa
en la zona así como una engorrosa flacidez de la piel. «Cada vez
más hombres demandan una liposucción de papada -afirma el cirujano
plástico José Luis Martín del Yerro-, pero yo sólo la recomiendo
cuando no existe laxitud en la piel».
«En los casos en que se tenga netamente colgante, se
procede a una "triple" cirugía (estirar y extirpar la piel
sobrante, recolocar los músculos y retirar la bolsa
submentoniana). Supone una auténtica obra de ingeniería quirúrgica
y hay que realizarla de una manera absolutamente personalizada,
con cuidado de no deformar la patilla, ni la sombra de la barba en
la mejilla», advierte el doctor Serra Renom. Implica una baja
laboral de 5-6 días, que se alargará si se quiere mantener en
secreto, ya que es preciso llevar un vendaje de sujeción durante
dos semanas.
Orejas «de soplillo»
Preocupan principalmente a niños y
adolescentes. Las orejas despegadas son, desde siempre, objeto de
burlas escolares y bromas de recreo. «Esta intervención puede
cambiar radicalmente la personalidad de un individuo», señala el
doctor Javier Mato Ansorena, director de la Clínica Mato.
La otoplastia restaura el pliegue central
en las orejas despegadas o reduce el tamaño de estos apéndices. Es
una operación fácil y la cicatriz queda oculta tras la oreja. Cada
una mantiene ocupado al cirujano una hora aproximadamente. Se
efectúa con anestesia general en los pequeños, y local en los
jóvenes. El paciente debe llevar un vendaje compresivo entre 6 y 8
días y, después, una cinta de tenis presionadora durante dos
semanas. Las orejas estarán inflamadas durante un
mes.
«Pecho-lobo»
Aunque suene a broma, algunos varones
tienen un pecho que sería la envidia de muchas féminas. Pero a
ellos no les hace ninguna gracia. Normalmente se produce por un
desarrollo excesivo de las glándulas mamarias debido a un
desarreglo hormonal durante la adolescencia, a una presencia
anómala de estrógenos o a factores genéticos. El tratamiento pasa
por una cirugía de reducción de mama, con una incisión bastante
visible (queda como una T invertida).
Cuando responde a un exceso de grasa, se impone la
liposucción. Conviene llevar una especie de «maillot» durante un
mes, pero se puede hacer una vida prácticamente normal.
La «retaguardia»
Reconozcámoslo: donde la espalda pierde su
casto nombre empieza uno de los objetos de mayor atención de las
miradas femeninas y por lo consiguiente, masculinas. El objetivo
de la cirugía de glúteos «masculinos» no es tanto la disminución
de su volumen como su remodelación (cuando son excesivamente
planos, cuando están caídos, en casos de asimetrías...). Se puede
hacer de dos formas. La primera consiste en colocar unas prótesis
de gel de silicona debajo del músculo, a través de una pequeña
incisión de 5 centímetros en los pliegues de las «posaderas» o al
lado del coxis. «Las cicatrices pueden ser menores si se
introducen prótesis hinchables, pero se corre el riesgo de que se
desinflen con el tiempo y son más duras al tacto», explica el
doctor Roger Amar. El paciente tendrá que estar de baja por lo
menos una semana y llevar una vendaje compresivo durante un
mes.
La segunda opción es la
lipoestructura: se extrae grasa de alguna zona donde sobre (por
ejemplo, el «rollito» de la cintura) y se reinyecta en las nalgas.
«Con este sistema se aumenta ligeramente el tamaño del glúteo y se
reafirma», asegura el doctor Mato Ansorena. La anestesia puede ser
local o general y hay que contar con dos días de descanso en
decúbito lateral y un «panty» especial durante un mes.
Piernas de palillo
Si sus pantorrillas no tienen forma, sus
piernas están arqueadas o desea unos gemelos de atleta, no le
servirá la varita de un hada madrina, pero sí el bisturí de un
buen cirujano plástico. «Aunque no es una operación complicada,
contornear unas piernas requiere unas manos muy especializadas»,
señala el doctor Mato Ansorena. Se coloca una prótesis de silicona
envuelta en poliuterano a través de una incisión en la cara
posterior interior de las pantorrillas.
«El postoperatorio quizá sea lo más pesado porque
hay que evitar permanecer de pie durante una semana, llevar unas
medias de compresión fuerte durante un mes y recibir sesiones de
drenaje linfático para combatir los hematomas», advierte el doctor
Mato.
«El tamaño sí importa»
Aunque los tiempos cambian, es difícil
desterrar algunos mitos. Quizá la preocupación del varón por su
órgano sexual (más allá de lo relacionado con su función), su
significado cultural y sus connotaciones extragenitales de poder
permitan explicar por qué ha crecido la demanda de aumento
cosmético del tamaño del pene. El doctor Javier Ruiz Romero,
responsable de la Unidad de Andrología de la Clínica Tres Torres,
considera que la falta de autoestima es uno de los motivos
principales que abren las puertas del quirófano. «Cuando el
paciente presenta problemas de inseguridad, la "elongación" puede
devolverles la normalidad en su comportamiento social y sexual»,
afirma este especialista.
Existen
tres formas de prolongar quirúrgicamente el pene: se puede
«desenterrar» una porción que está normalmente oculta dentro del
pubis, y esto permite obtener entre 2 y 3 cm de incremento. Otra
posibilidad es aumentar el grosor inyectando, por debajo de una de
las capas que cubren el pene, grasa propia extraída de alguna otra
zona del cuerpo (tiene el inconveniente de que la grasa puede
reabsorberse y se perdería el incremento conseguido). El tercer
recurso consiste en tomar tejido dermograso de las nalgas del
propio individuo e injertarlo en el pene, recubriendo su contorno.
El problema en este caso son las cicatrices que quedan en los
glúteos. Además, puede aparecer una fibrosis, con la consecuente
deformidad del órgano. Si no quiere pasar por el quirófano, puede
recurrir al «dispositivo de tracción externa» (utiliza el
principio de expansión tisular empleado en cirugía
reconstructiva), un aparato que aumenta todos los tejidos del
pene.
El tratamiento está indicado
en casos de micropene (según un estudio de la Asociación Española
de Andrología -Asesa-, cualquiera que supere el límite de 7,1 cm
en máxima extensión se considera dentro de la normalidad). Las
dudas se plantean cuando la solicitud atiende únicamente a
criterios estéticos ¿Se debe tratar un órgano morfológica y
funcionalmente normal? El doctor Ruiz confía en que el próximo
congreso de la Asesa, que se celebra este mes, dé respuesta a
estas cuestiones y marque las pautas éticas, diagnósticas y
terapéuticas.