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Puede que el pendiente que se acaba de
poner en la boca le parezca algo de lo más moderno, pero lo cierto es que el
pueblo maya (en Centroamérica) ya anillaba sus lenguas y genitales durante
las ceremonias religiosas. También el Kama Sutra describe anillados en el
pene y, actualmente, muchas tribus siguen perforando sus cuerpos en los ritos
de iniciación en la edad adulta. Pero esta práctica, conocida como piercing
(es decir, perforar distintas partes del cuerpo para colocar pendientes u
otros ornamentos) también triunfa en las sociedades occidentales, sobre todo
en verano. «En julio y agosto hago el doble de piercings y tatuajes que el
resto del año», explica Rafael Naharro, presidente de la Asociación de
Tatuadores y Anilladores Profesionales de Andalucía (ATAPA ).Y eso que, según
Naharro, conocido en el sector como Tattoo Rafa, «debería ser al revés,
porque exigen unos cuidados», como no bañarse en piscinas públicas o que el
grabado no esté expuesto a la luz solar. Y es que médicos y profesionales
del body art (arte corporal, que es como se llaman estas prácticas) coinciden
en que muchos clientes no siguen las precauciones recomendadas y que, pese a
la reciente regulación del sector en España, aún existen muchos estudios
que no cumplen con los requisitos. Aunque todo piercing supone ciertos
riesgos, seleccionar al perforador adecuado y seguir los cuidados higiénico-sanitarios
posteriores es clave para minimizar esos peligros.
Ya han pasado más de dos décadas desde que esta práctica ancestral resucitó
en los países occidentales. La culpa fue del movimiento punk, que allá a
finales de los 70 popularizó los piercings (inicialemente, simples
imperdibles) entre sus miembros. Pese a este comienzo, que hizo que los
anillamientos se asociasen a los grupos marginales de la sociedad, hoy estas
prácticas se han convertido en una moda. Actualmente, se calcula que en torno
a un 8% de la población mayor de 14 años lleva un piercing corporal (sin
contar los pendientes en el lóbulo de la oreja), según una encuesta
australiana de 2001.
Pese a que en nuestro país no existen estudios sobre la prevalencia del body
art, los profesionales del sector señalan que en la última década la afición
por estas costumbres también ha aumentado. «Ha crecido tanto la clientela
como el número de estudios», dice Jordi Mateu, portavoz de la Asociación de
Tatuadores y Anilladores Profesionales (ATAP), para quien actualmente las
perforaciones «están mucho más aceptadas. Es una cuestión estética».
Sobre todo entre los más jóvenes.
Según revelaba un trabajo publicado el año pasado en la revista 'Mayo Clinic
Proceedings', la mitad de los universitarios luce un anillado corporal. La
aceptación del body art más clásico (los tatuajes) era algo menor: el 23%
de los encuestados se había grabado uno. Y es que, a diferencia de estos últimos,
los piercings se perciben como algo temporal, de ahí que muchos adolescentes
consideren que esta decisión tiene pocas consecuencias a largo plazo, según
un trabajo publicado hace unos años en 'The Journal of School Nursing'.
RIESGOS. Los médicos no parecen tan conformes con esta idea. «No
recomendamos ninguno, porque todos suponen un traumatismo externo. El más
aceptable es el de toda la vida [en el lóbulo de la oreja]», dice Lluís
Puig, del servicio de Dermatología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau
de Barcelona. De todos modos, este experto reconoce que «es raro que la gente
no se ponga un piercing por los riesgos médicos que supone, aunque sería
aconsejable que fuese al médico para que le explicase el tipo de problemas
que puede tener».
«Por lo menos deben conocer los peligros», coincide Pía López Jornet,
profesora de estomatología en la Universidad de Murcia. Algunos de los
problemas que pueden plantear las perforaciones más frecuentes, y que todo
anillador de fiar debería explicarle antes de perforarle son los siguientes:
Parte superior de la oreja y nariz. Ambas zonas están compuestas por cartílago,
así que la cicatrización es lenta y pueden formarse granulomas (lesiones
abultadas). La nariz es muy susceptible de infecciones, pues pueden
colonizarla estafilococos. En el pabellón auricular, la proximidad del pelo y
la presión al dormir dificultan la curación y, además, las infecciones son
difíciles de tratar porque la zona no tiene suficiente flujo sanguíneo para
que llegue un antibiótico.
Ombligo. Es la zona más propensa a las infecciones, por los pliegues que
presenta, por lo que este anillamiento exige unos cuidados higiénicos muy
estrictos. La ropa apretada puede dificultar la cicatrización y facilitar los
procesos bacterianos. No es posible practicarla en ombligos prominentes o en
adolescentes que aún no se hayan desarrollado.
Orales. Tampoco todo el mundo puede hacerse un piercing en la lengua o el
labio. Ambos ocasionan problemas gingivales y dentales, de modo que no
resultan recomendables en personas con un esmalte débil, con implantes
dentales, etcétera. Asociaciones odontológicas de todo el mundo, la española
incluida, se han mostrado en contra de estas perforaciones. «El piercing
dentro de la boca es como una bola de demolición», señala López Jornet,
que ha realizado varios trabajos sobre estos problemas. Los anillados orales
exigen además cuidados posteriores rigurosos, como el empleo de un enjuague
bucal y no tomar alcohol.
De todos modos, Puig aclara que las complicaciones más graves de los
piercings no son muy frecuentes (suceden en el 5% de los anillados), aunque
problemas como infecciones e inflamación afectan a la mayoría (al 70%) de
los que se anillan. Ninguna perforación es recomendable en personas con algún
problema inmune previo, anomalías congénitas cardiacas (algunos pendientes
podrían desencadenar una infección en la pared del corazón), ni en
individuos propensos a cicatrices queloides (abultadas) o con alergias.
De hecho, el dermatólogo advierte que estas joyas pueden causar sensibilización
al níquel (muchos pendientes contienen pequeñas cantidades de este material,
aunque su principal componente sea otro). «El número de piercings que porta
un individuo estaría en relación directa con el riesgo de desarrollar una
alergia al mencionado metal, lo que explica la elevada prevalencia de
sensibilización al níquel en mujeres, puesto que los pendientes en los lóbulos
de las orejas son la forma de piercing más común», explican Puig y otra
experta en un reciente artículo de Farmacia Profesional.
La literatura científica también describe contagios de VIH, hepatitis o tétanos
a causa de un anillamiento, si bien «usando el material adecuado no tiene por
qué producirse esa infección», dice Puig. «Como ahora se está regulando
el sector, hay menos complicaciones infecciosas», agrega López Jornet.
Precisamente, a comienzos de este año el Consejo Interterritorial del Sistema
Nacional de Salud acordaba los requisitos técnicos y las condiciones higiénicas
mínimas que deben reunir estos estudios. Los materiales que atraviesen la
piel han de ser estériles y desechables (según Mateu, conviene fijarse en
que el anillador abre los envases de las agujas delante de uno y después los
deposita en un contenedor); los guantes también han de ser de un solo uso; únicamente
podrán utilizarse pendientes de oro, titanio y acero quirúrgico; los
anilladores han de estar vacunados contra el tétanos y la hepatitis; etcétera.
El consejo dejaba al arbitrio de cada comunidad autónoma el tipo de titulación
o curso que ha de poseer el profesional del body art. Por ejemplo, mientras en
la Comunidad Valenciana la formación corre a cargo de los colegios de
enfermería, en Cataluña los realizan las propias organizaciones del sector.
Estas dos comunidades forman parte de las pocas (Aragón, Navarra, Murcia ,
Andalucía, Baleares) que ya cuentan con legislación específica sobre estos
centros.
NORMATIVA. Todas estas medidas han sido acogidas positivamente por los propios
profesionales. «Somos los primeros interesados en que las cosas se hagan
bien. Más que nada, es seguridad para nosotros mismos», agrega Mateu, si
bien advierte de que «los ayuntamientos [encargados de verificar que los
talleres cumplen la normativa] tendrían que ser más estrictos». «Hay mucho
intrusismo. Está prohibido en conciertos, peluquerías, tiendas de ropa...
Pero se sigue haciendo», coincide Naharro, el presidente de ATAPA.
Precisamente, otro de los modos de escoger un buen perforador es fijarse en si
forma parte de alguna organización: «En la asociación no se aceptan
estudios que no cumplan con las condiciones. Cuesta encontrar socios», aclara
Mateu.
Pero haber valorado los riesgos mencionados y haber escogido un taller que
cumpla con la norma no es suficiente. «Hay que estar mentalizado de que los
anillados necesitan un cuidado higiénico constante», advierte Naharro, que
se lamenta de que «la cultura del tatuaje y del piercing es nula. Dices al
cliente que no se toque el pendiente y a la salida ya lo está manipulando».
Así que, si pese a los riesgos mencionados uno sigue convencido de ponerse un
anillado corporal, al menos «que se lo haga en las mejores condiciones
posibles», asevera López Jornet.
«Antes de de tatuarse o de colocarse un piercing se deben considerar sus
posibles inconvenientes e implicaciones futuras. Una vez tomada la decisión
hay que escoger un estudio con el equipamiento adecuado y un personal idóneo
que asegure los métodos de asepsia durante las prácticas, recordando que los
cuidados posteriores son imprescindibles para evitar complicaciones y lograr
el efecto deseado», señala el artículo de Farmacia Profesional.
Esta necesidad de concienciación parece acuciante, si se tiene en cuenta que,
según una revisión sobre el tema recogida recientemente en 'The Lancet', «el
número de individuos con piercings corporales en las sociedades occidentales
está aumentando y todavía no ha llegado a su punto máximo».
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