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Cómo regresar al
gimnasio y no morir en el intento.
O.K. Estás listo para
entrar en forma. Basta de excesos en las comidas. A empezar la
dieta. Se acabó el cuerpo fláccido. ¿Qué es lo primero que haces?
Generalmente inscribirte en un gimnasio, correr a los aparatos y
levantar el máximo de peso. Después seguir con aerobics, sin
desfallecer hasta el final, bajo la atenta mirada del resto que
estudia al nuevo de la clase. Y como está contemplado dentro de la
cuota, terminar la jornada con una sesión de sauna. Y probablemente
te lleve una semana recuperarte de tu primer día en el
gimnasio.
¿Es esa la mejor manera de comenzar a recuperar un cuerpo saludable?
No. Lo primero es encontrar un momento para sentarse y pensar. ¿Qué
buscas en un gimnasio? ¿Correr un triatlón? ¿Lucir como Bob Paris?
¿O tal vez sólo ser capaz de subir unos cuantos escalones sin llegar
resoplando? Tener una meta específica es muy importante. Tal vez
tengas como modelo a alguno de los strippers de los boliches o
quizás la tapa de una vieja agenda de "NX", pero hay que ser
realista: no se puede cambiar la estructura básica de tu cuerpo.
Pero tampoco te subestimes. El secreto está en mejorarla, y tu
cuerpo tiene una sorprendente capacidad para hacerlo.
Recorta la foto elegida e imagina que el cuerpo es tuyo. Puedes
ponerla en un lugar donde la veas frecuentemente, pretender que ese
cuerpo está dentro tuyo, y sólo necesitas dejarlo salir, liberarlo
de las redes de la flacura, la gordura o la flaccidez. No todos
podemos desarrollar un cuerpo al estilo de Stallone o Van Damme,
pero si partir con algo similar al de Tom Cruise o Brad Pitt, por
citar a alguno "marcadito" de la pantalla grande. Tu meta es la
llave para un programa de entrenamiento exitoso. Pero debe ser
accesible, concretable. Sin ella estarás trabajando duro, aunque sin
llegar a ningún lado.
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